domingo, 22 de abril de 2007

El cacerolazo... (el corazon de un pueblo)

Es una especie de música,
que tal vez no sea la más placentera,
y siquiera sea rítmica...
Pero la dicta un corazón gigante,
latiente y sanguíneo...
El corazón de un pueblo,
que no claudica frente a la injusticia.
El corazón de un pueblo
que no quiere perder sus últimas
esperanzas antes del caos.
Un pueblo que ya está hartodel manoseo,
de la hambruna,
del despojo de sus ahorros,
de las colas de los pobres jubilados,
de la burla y de la desocupación,
De la ignorancia lastimosa de sus niños
sin escuelas, sin maestros,
y casi sin patria o símbolos patrios...
Un pueblo que ya se cansó,
de las opulentas fiestas del poder,
de la risa socarrona de los políticos,
de los mensajes fatuos y del doble sentido...
Un pueblo que ya está harto de la bancarización forzosa,
del corralito,
de la injerencia del FMI,
y de las potencias extranjeras.
Un pueblo que ya no cree en sus políticos,
pues los sabe cipayos y sirvientes
de oscuros intereses...
Un pueblo que no quiere ser el ejemplo
de ningún milagro económico,
Sino que solamente sueña con recuperar
aquella tierra de promisión de sus padres,
que alguna vez fue nuestra Argentina...
Por todo esto, y con toda la bronca,
gritan a los cuatro vientos las cacerolas...
El cacerolazo suena a escarmiento
Y su mensaje es bien contundente,
y hace temblar a los políticos,
y a todos sus personeros,
Pues les está diciendo claramente
que ya no confían más en ellos.
Si sirve para recuperar a nuestra patria,
este pequeño pero noble esfuerzo
mancomunado y sin violencia,
Bienvenido sea "el cacerolazo... "
OSVALDO LUIS PALLADINO
Enero 2002

Una raza muy especial

Si tuviese que graficar
la cosa que más repudio
la resumiría en tres palabras:
“la clase política”
Una raza especial de buitres,
Negros pájaros de mal agüero,
Aves rapiñas sedientas de poder,
que tienen un hueco en el pecho
Y una sonrisa esculpida
en la piedra de su rostro.
Falsos profetas que se escudan
tras una lengua viperina,
Vendedores ambulantes de promesas
y de paraísos fatuos...
Amos y señores que juegan,
Juegan a ser Dioses,
Haciendo y deshaciendo a su antojo,
Deciden el destino,
La suerte y la vida o muerte
de todos los pueblos...
Ellos regatean con las miserias ajenas,
mientras viven en opulentos “palacetes”,
y se muestran en fiestas,
mezclándose con gente de sociedad,
bañados en importados perfumes franceses,
degustando champañas y vinos refinados...
Y su delicado olfato,
bien entrenado para las oportunidades,
Se frunce en una muesca de asco
frente al perfume del pueblo,
el olor rancio y penetrante de la mugre,
del sudor y de la miseria espantosa,
que son consecuencia de sus legados...
Pido perdón, si generalizo,
Consciente de que algún honesto,
pagará las culpas de las mayorías,
pero supongo que son los gajes del oficio.
Y yo, un pobre ciudadano insignificante,
Pero poderoso con mi mente y mi palabra,
Llamo a la toma de conciencia del pueblo,
Para terminar de una vez por todas,
con estos abusos.
Sólo agrego una cosa,
para reforzar mi pensamiento,
Recurriendo a la Sagrada Biblia,
al testimonio crudo de estas verdades,
que cuenta como Jesús
echo a los mercaderes del Templo...
Y seguramente por ese acto
pago cara su osadía,
Justamente él, el hijo de Dios,
Termino crucificado como un delincuente
Por algún político disfrazado
En una piel de Judas...

Osvaldo Palladino
Febrero 2000.