Si tuviese que graficar
la cosa que más repudio
la resumiría en tres palabras:
“la clase política”
Una raza especial de buitres,
Negros pájaros de mal agüero,
Aves rapiñas sedientas de poder,
que tienen un hueco en el pecho
Y una sonrisa esculpida
en la piedra de su rostro.
Falsos profetas que se escudan
tras una lengua viperina,
Vendedores ambulantes de promesas
y de paraísos fatuos...
Amos y señores que juegan,
Juegan a ser Dioses,
Haciendo y deshaciendo a su antojo,
Deciden el destino,
La suerte y la vida o muerte
de todos los pueblos...
Ellos regatean con las miserias ajenas,
mientras viven en opulentos “palacetes”,
y se muestran en fiestas,
mezclándose con gente de sociedad,
bañados en importados perfumes franceses,
degustando champañas y vinos refinados...
Y su delicado olfato,
bien entrenado para las oportunidades,
Se frunce en una muesca de asco
frente al perfume del pueblo,
el olor rancio y penetrante de la mugre,
del sudor y de la miseria espantosa,
que son consecuencia de sus legados...
Pido perdón, si generalizo,
Consciente de que algún honesto,
pagará las culpas de las mayorías,
pero supongo que son los gajes del oficio.
Y yo, un pobre ciudadano insignificante,
Pero poderoso con mi mente y mi palabra,
Llamo a la toma de conciencia del pueblo,
Para terminar de una vez por todas,
con estos abusos.
Sólo agrego una cosa,
para reforzar mi pensamiento,
Recurriendo a la Sagrada Biblia,
al testimonio crudo de estas verdades,
que cuenta como Jesús
echo a los mercaderes del Templo...
Y seguramente por ese acto
pago cara su osadía,
Justamente él, el hijo de Dios,
Termino crucificado como un delincuente
Por algún político disfrazado
En una piel de Judas...
Osvaldo Palladino
Febrero 2000.
la cosa que más repudio
la resumiría en tres palabras:
“la clase política”
Una raza especial de buitres,
Negros pájaros de mal agüero,
Aves rapiñas sedientas de poder,
que tienen un hueco en el pecho
Y una sonrisa esculpida
en la piedra de su rostro.
Falsos profetas que se escudan
tras una lengua viperina,
Vendedores ambulantes de promesas
y de paraísos fatuos...
Amos y señores que juegan,
Juegan a ser Dioses,
Haciendo y deshaciendo a su antojo,
Deciden el destino,
La suerte y la vida o muerte
de todos los pueblos...
Ellos regatean con las miserias ajenas,
mientras viven en opulentos “palacetes”,
y se muestran en fiestas,
mezclándose con gente de sociedad,
bañados en importados perfumes franceses,
degustando champañas y vinos refinados...
Y su delicado olfato,
bien entrenado para las oportunidades,
Se frunce en una muesca de asco
frente al perfume del pueblo,
el olor rancio y penetrante de la mugre,
del sudor y de la miseria espantosa,
que son consecuencia de sus legados...
Pido perdón, si generalizo,
Consciente de que algún honesto,
pagará las culpas de las mayorías,
pero supongo que son los gajes del oficio.
Y yo, un pobre ciudadano insignificante,
Pero poderoso con mi mente y mi palabra,
Llamo a la toma de conciencia del pueblo,
Para terminar de una vez por todas,
con estos abusos.
Sólo agrego una cosa,
para reforzar mi pensamiento,
Recurriendo a la Sagrada Biblia,
al testimonio crudo de estas verdades,
que cuenta como Jesús
echo a los mercaderes del Templo...
Y seguramente por ese acto
pago cara su osadía,
Justamente él, el hijo de Dios,
Termino crucificado como un delincuente
Por algún político disfrazado
En una piel de Judas...
Osvaldo Palladino
Febrero 2000.

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